Los efectos del ozono podemos resumirlos en:
Influencia sobre el metabolismo celular por la vía del sistema del glutatión.
Aumento del 2,3-DPG (difosfoglicéridos) en los eritrocitos.
Liberación de ATP (adenosina trifosfato) factor energético en el trabajo muscular.
Liberación de prostaglandinas (disminuye la presión sanguínea, estimula la musculatura de los vasos sanguíneos, etc.)
Mejoría de los mecanismos de transporte del O2, y su utilización mediante su influencia en la cadena respiratoria de la mitocondria.
Desplazamiento del equilibrio HbO2, favorece la disociación de la hemoglobina oxigenada y mejora el oxígeno liberado en los tejidos hipóxicos.
Modificación de la flexibilidad de los eritrocitos y mejora del flujo sanguíneo. La negativización de la carga de eritrocitos en la superficie de la membrana por procesos oxidantes, produce un efecto reciproco que evita la formación de «apilamientos», obteniéndose por ello una mayor superficie total de eritrocitos.
Inducción enzimática: activa las enzimas que participan en el metabolismo de oxígeno, libera hemopoyetina (responsable de estimulación de la médula ósea para aumentar la producción de sangre) y libera factores tróficos vasculares.
Activación del sistema inmunitario. Aparte su efecto bactericida local, estimula los mecanismos de defensa del organismo a través de la inducción de leucocitos, mejora de la fagocitosis y aumento de su actividad bactericida por incremento de la producción de inmunoglobulinas.
Mecanismo de acción en las enfermedades virales: A nivel extracelular por oxidación bloquea los virus y los receptores celulares evitando que infecte la célula. A nivel intracelular el aumento de peróxido en la célula tiene una acción sinérgica con los mecanismos de defensa (producción de H2O2), activa la fagocitosis y produce una intolerancia celular al peróxido provocando la destrucción de las células infectadas.